KAMASUTRA
3. EXPOSICIÓN DEL SABER

Un hombre debería estudiar el Kamasutra y las ciencias complementarias sin robar tiempo al estudio de la Ley Sagra­da y de lo Útil y de las ciencias auxiliares. Una mujer debería dedicarse a ese estudio antes de la juventud(19), y, una vez ca­sada, dependiendo de la opinión del marido.
Algunos sabios mantienen que, partiendo de la premisa que las mujeres no entienden los textos científicos, es inútil inten­tar instruirlas en este libro. Pero, si ellas entienden el aspecto práctico, es porque éste se basa en un tratado; es lo que pien­sa Vatsyayana. Y no sólo en éste, sino en todos los campos sólo algunos conocen los textos científicos, y, sin embargo, la práctica les afecta a todos; y, aunque sea de una forma remo­ta, siempre hay un tratado en el origen de la práctica. Existe la gramática, pero, incluso sin ser gramáticos, los que realizan los sacrificios, utilizan uha(20) durante los ritos. Existe la astro­logía, pero incluso quien no la conoce lleva a buen fin com­promisos en los días propicios. Lo mismo que los pastores de caballos y elefantes saben cuidarlos, aunque no hayan estu­diado los tratados. Por el hecho de que existe un soberano, los pueblos, aunque estén alejados de él, no se saltan los lí­mites impuestos por la ley; así están las cosas.
En realidad, hay, incluso cortesanas, hijas de reyes o de al­tos dignatarios, que han ocupado su inteligencia con este tra­tado. Por eso una mujer debería aprender de forma reservada, a través de una persona de confianza, los aspectos prácticos, el tratado o al menos una parte del mismo. Cuando es don­cella debe estudiar, en secreto y a solas, las sesenta y cuatro artes que se aplican con el ejercicio. En otros casos, pueden ser maestras de la doncella: la hija de su nodriza, que ha cre­cido con ella, y que ya se ha unido a un hombre; o una ami­ga de las mismas características, con la que pueda hablar sin ningún peligro, y una tía materna que tenga la misma edad que ella; una vieja esclava de total confianza, que ocupe el lu­gar de esta última, o una monja mendicante a la que ya se co­nozca de antes, y una hermana, si puede confiar en ella.
Las sesenta y cuatro ciencias complementarias del Kama­sutra, que forman sus ramas secundarias(21), son:

canto; música instrumental; danza; pintura; recortar distintivos [decorativos para la frentel(22); crear varias líneas ornamentales con arroz y flores; colocar flores; colorear los dientes, la ropa y el cuerpo; incrustar gemas en el suelo; preparar la cama; hacer música con agua; rociar con agua [como juego]; rea­lizar trucos que sorprendan; trenzar collares de varias maneras; hacer diade­mas y coronitas; realizar el aseo personal; distintas formas de adomar las orejas; preparar los perfumes; disponer adornos; artes de magia; los remedios de Ku­cumara; destrezas con las manos; cocinar distintos tipos de verduras, sopas y alimentos sólidos; preparar bebidas, zumos, condimentos y licores; los traba­jos de sastrería y tejido; el juego de hilos; tocar música con el laúd y el tam­bor; resolver acertijos; el juego de las estrofas; pronunciar trabalenguas; recitar trozos de libros; conocer las obras teatrales y los cuentos; completar de me­moria estrofas de poesías; distintos modos de trenzar cintas y juncos; traba­jos de alfarero; carpintería; arquitectura; saber distinguir la plata y las piedras preciosas; metalurgia; conocer el color y los lugares de origen de las piedras preciosas; saber aplicar las doctrinas sobre el cuidado de los árboles; prepa­rar peleas de carneros, gallos y perdices; enseñar a hablar a papagayos y es­torninos; ser expertos en dar friegas, masajes y peinar; comunicar con el lenguaje de las manos; conocer los distintos lenguajes convencionales; hablar en dialecto; interpretación de los oráculos celestes; descifrar los presagios; el alfabeto de los diagramas místicos(23); la técnica de la memorización; saber re­citar un texto en tertulia; componer poesías mentalmente; saber de dicciona­rios; conocer la métrica; tener claras las normas poéticas; conseguir fingir ser otro; disfrazarse con ropa; distintos juegos de azar; el juego de los dados; co­nocer los juguetes de los niños; ser expertos en las ciencias de las buenas ma­neras, de la estrategia y del ejercicio fisico.

Las sesenta y cuatro artes de Babhravya son distintas; ex­pondremos su utilización, con un argumento tras otro, en la sección dedicada a la unión erótica, ya que el amor consiste en éstas.

Una prostituta, que destaque en éstas,
y tenga buen carácter, belleza y cualidades,
consigue el título de cortesana
y un puesto en la asamblea pública.

El soberano siempre la respeta,
los hombres superiores la alaban,
se le desea, es digna de recibir visitas,
y se le toma como modelo.

La princesa o la hija de un alto dignatario
que conozca estas artes
somete a su esposo,
unque en el harem haya mil mujeres.

Por este motivo, aunque el esposo esté lejos,
o haya caído en terrible desgracia,
una mujer puede vivir bien con estas ciencias
hasta en un país extranjero.

Un hombre experto en estas artes,
dicharachero y seductor,
aunque sea un desconocido, consigue con facilidad
el corazón de las mujeres.

El éxito en el amor se consigue
cuando se aprenden estas artes;
pero conviene utilizarlas o no,
teniendo en cuenta el lugar y el momento.


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