KAMASUTRA
2. CONSECUCIÓN DE LOS TRES FINES DE LA VIDA

El hombre, cuya vida puede alcanzar cien años, debe dis­tribuir su tiempo y dedicarse a los tres fines de la vida, subor­dinados entre sí, y de tal forma que uno no perjudique a otro. De niño procure adquirir cultura y aspectos análogos de lo Útil; se entregue al Amor durante la juventud, y, en la vejez, a la Ley Sagrada y a la Liberación(7). O, dada la incertidumbre de la vida, puede dedicarse a cada uno de éstos, cuando tenga opor­tunidad. El periodo juvenil de estudios, sin embargo, debería durar hasta terminar la instrucción.
Actuar conforme a la Ley Sagrada consiste en fomentar, se­gún las doctrinas, algunos actos, como los sacrificios a los dio­ses, que no se cumplen por necesidad, ya que no pertenecen a este mundo y no se perciben las ventajas; y en descartar, siem­pre según las doctrinas, actos como alimentarse de carne(8), que se suelen realizar, pues pertenecen a este mundo y se perciben los resultados. La Ley Sagrada se puede aprender en los textos de la Revelación(9) y estando en contacto con personas expertas.
Lo Útil es procurarse cultura, tierras, oro, ganado, enseres, amigos y cosas parecidas, y aumentar lo que ya se ha obteni­do. Se puede aprender del comportamiento de los funciona­rios, de quienes conocen las normas profesionales y de los comerciantes.
El Amor es actuar de forma que resulte agradable al oído, tacto, vista, gusto y olfato, cada uno en su ámbito, todo con­trolado por la mente unida al alma. Pero, en concreto, el Amor es la sensación adecuada de esta última, rebosante de la ale­gría que brota de la conciencia, y rica en resultados, relacio­nada con un contacto especial(10). Esto se puede aprender en el Kamasutra y frecuentando gente de mundo.
Cuando la Ley Sagrada, lo Útil y el Amor entran en con­flicto, lo que precede es siempre más importante. Lo Útil, sin embargo, es lo más importante para un soberano, porque en ello se funda el curso regular del mundo; y también para una prostituta. Así se consiguen los tres fines de la vida.
Alguien puede objetar: si la Ley Sagrada no pertenece a este mundo, es conveniente la existencia de un tratado que la ex­ponga; y esta observación vale también para lo Útil, dado que, para triunfar, se necesita un método, y éste se consigue con un manual. Pero el Amor, por el hecho de que se efectúa es­pontáneamente hasta en los animales, por ser una cosa inna­ta, no necesita un tratado; es la opinión de algunos expertos.
Sin embargo, como depende de la unión erótica de un hombre y una mujer, exige un método, que se consigue con el Kamasutra, dice Vatsyayana. Entre los animales, por el con­trario, la vida sexual no necesita métodos, porque las hembras no se mantienen escondidas; el apareamiento tiene lugar, has­ta la satisfacción, durante el periodo de celo, y las uniones no se acompañan de reflexión alguna.
Otros sostienen que no se deben realizar las acciones reco­mendadas por la Ley Sagrada, pues sólo en el futuro producen resultados, por otra parte inciertos. ¿Quién, si no es tonto, da­ría a otro lo que tiene en la mano? Es preferible un pichón hoy que un pavo real mañana; mejor una moneda de oro segura que un collar de oro incierto; es la opinión de los materialistas(11).
Vatsyayana sostiene, por el contrario, que se deben reali­zar las obras previstas por la Ley Sagrada, pues las escrituras no pueden suscitar dudas; vemos que los sortilegios y los exor­cismos tienen éxito a veces; las constelaciones, la luna, el sol y el conjunto de los planetas parecen actuar en beneficio del mundo, como si razonaran; además, el curso regular del mun­do está determinado por la observancia de las normas sobre las clases sociales y sobre los estadios de la vida(12); y es evi­dente que la simiente que tenemos en la mano se tira en fun­ción de la cosecha futura.
Incluso para algunos no conviene realizar acciones rela­cionadas con lo Útil. Pues los beneficios, incluso perseguidos con gran esfuerzo, no se consiguen nunca; o, se pueden pre­sentar, sin que se uno los busque. Dado que todo es obra del destino, éste en realidad lleva a los hombres a la riqueza o a la pobreza, al éxito o al fracaso, a la felicidad o a la aflicción. El destino ha trasformado a Bali en Indra(13), el destino lo ha destronado; siempre el destino lo volverá a colocar en su pe­destal. Es to que sostienen los fatalistas(14).
Un método, por el contrario, es el fundamento de toda ac­tividad, pues ésta presupone el esfuerzo del hombre. Dado que hasta el beneficio más seguro depende de algún factor, un hombre inactivo no puede ser afortunado. Es la opinión de Vatsyayana.
Para algunos, por último, no se deben llevar a cabo accio­nes relacionadas con el Amor, pues se enfrentan con la Ley Sagrada y con lo Útil, que son las cosas más importantes, y, por tanto, con las personas honestas; inducen a un hombre a tener contactos con gente indigna, a iniciativas perversas, a la impureza(15), y comprometen su futuro. Provocan, además, ne­gligencia, ligereza, desconfianza y exclusión por parte de los demás. Se oye hablar de muchos esclavos del Amor, que han tenido un final horrible, junto con los de su entorno; así Dan­dakya, rey de los Bhoja, que por amor violó a la hija de un brahmán(16), terminó arruinado con su estirpe y con su reino. Y baste pensar en el rey de los dioses con Ahalya, en el po­derosísimo Kicaka con Draupadi, en Ravana con Sita, y en mu­chos otros, que vivieron más tarde: esclavos del Amor, como puede verse, gravemente castigados(17). Es lo que sostienen los defensores de lo Útil.
En realidad, las acciones relacionadas con el Amor tienen la misma naturaleza que la comida, ya que contribuyen al soste­nimiento del cuerpo; y son fruto de la Ley Sagrada y de lo Útil(18). Pero conviene aprender cómo evitar las consecuencias negati­vas. Efectivamente, no se dejan de poner las ollas en el fuego porque haya monjes mendicantes; ni se renuncia a sembrar ce­bada porque haya cervatillos. Es la opinión de Vatsyayana,
Valgan unas estrofas sobre el particular:

Un hombre que se dedique, como hemos dicho,
a lo Útil, al Amor y a la Ley Sagrada
consigue la felicidad sin espinas, infinita,
tanto aquí abajo como en el otro mundo.

Los sabios se ocupan de las acciones
en las que no hay dudas sobre las consecuencias,
y en las que se encuentra una satisfacción
sin ocasionar perjuicio alguno a lo Útil.

Se tome la iniciativa que resulte
eficaz para realizar los tres fines de la vida,
o al menos dos, o incluso uno; pero no conseguir uno,
perjudicando a los dos que quedan.

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